Crisis del whisky: las destilerías acumulan millones de litros por culpa de los consumidores
La industria del whisky enfrenta una crisis por exceso de inventario, menor consumo y cambios en los hábitos. ¿Estamos ante un nuevo “whisky loch”?
Durante muchos años, la industria del whisky produjo pensando que la demanda mundial nunca dejaría de crecer, pero eso cambió. Las destilerías fueron llenando miles de barricas, invirtieron en sus instalaciones y acumularon reservas para responder a un mercado que pensaban que no tendría techo. Pero hoy, los consumidores cambiaron sus hábitos y redujeron su consumo promedio de alcohol, generando un gran problema para el mundo del whisky: hay demasiado whisky y no suficientes consumidores dispuestos a beberlo al ritmo que la industria necesita.
Las pequeñas destilerías no son las que más están sufriendo, pero sí las grandes compañías como Diageo y Pernod Ricard. Estas empresas acumulan miles de millones de dólares en inventarios de bebidas que, en muchos casos, todavía ni siquiera fueron embotelladas. Estas barricas suponen un gran problema si el consumo continúa manteniéndose en los niveles actuales.
Así como hubo grandes épocas para el whisky, este problema podría tardar años en solucionarse, ya que la industria del whisky es muy particular: una destilería no puede hacer desaparecer el whisky que ya puso a madurar y las barricas que se llenan hoy son el resultado de decisiones tomadas años atrás, cuando la industria esperaba un futuro muy diferente.
Las destilerías produjeron pensando que el boom del whisky continuaría

El problema del whisky no es actual: comenzó hace varios años, sobre todo durante la pandemia y los años posteriores. La demanda de bebidas alcohólicas creció abruptamente y las grandes compañías interpretaron que ese crecimiento se convertiría en un hábito que se mantendría en el tiempo. Ante esta perspectiva, las compañías aumentaron la producción y realizaron grandes inversiones para producir mucho más whisky de lo habitual.
El problema es que producir whisky no funciona como fabricar cualquier otro producto. Un bourbon, por ejemplo, que se pone hoy en una barrica puede necesitar varios años antes de convertirse en el producto que una compañía quiere vender, mientras que un whisky escocés destinado a una categoría de mayor edad puede permanecer mucho más tiempo en los almacenes.
Eso significa que las decisiones tomadas durante el boom todavía tienen consecuencias. Las empresas que aumentaron su producción hace tres, cuatro o cinco años ahora tienen enormes cantidades de whisky madurando, pero se encuentran con un mercado que ya no crece al mismo ritmo.
Diageo es uno de los mejores ejemplos. La compañía llegó a acumular alrededor de US$8.500 millones en inventarios, mientras que Pernod Ricard tiene aproximadamente €7.200 millones en inventarios, cerca de un 78% más que en 2019.
Ahora, la industria está intentando corregir el exceso de producción. Algunas compañías ya comenzaron a reducir la cantidad de whisky que destilan, pero el problema no puede solucionarse inmediatamente: el whisky que ya está dentro de las barricas seguirá allí durante años, independientemente de cuánto cambie la demanda.
El problema del whisky es mundial, pero no todos los mercados están igual

El problema de la industria del whisky se siente en buena parte del mundo, aunque no todos los mercados están atravesando la misma situación:
Estados Unidos es uno de los principales focos de preocupación. La demanda se desaceleró y las grandes compañías acumulan importantes inventarios, mientras el bourbon enfrenta además un escenario comercial complicado por los aranceles.
China tampoco atraviesa su mejor momento. El menor gasto de los consumidores y la debilidad del mercado de bebidas premium afectaron a las grandes compañías, que durante años habían apostado por un fuerte crecimiento en el país.
India, en cambio, aparece como una de las grandes excepciones. El whisky mantiene una enorme popularidad y el mercado continúa creciendo, convirtiendo al país en uno de los destinos más importantes para las compañías que buscan compensar la caída de otros mercados.
Escocia, el corazón de la industria del whisky, tampoco es ajena al problema. La menor demanda internacional y el exceso de inventario llevaron a las compañías a reducir la producción, aunque la situación todavía está lejos de ser una repetición de la gran crisis de los años 80.
El panorama, entonces, es desigual: mientras algunos de los mercados históricos del whisky pierden fuerza, otros están creciendo y ganando importancia.
El problema no es que Gen Z no beba whisky: es que bebe de otra manera

Una de las principales razones detrás del cambio en el consumo de alcohol está en las nuevas generaciones. Pero decir que Gen Z dejó de beber alcohol sería incorrecto: el problema para la industria tradicional es que sus hábitos son diferentes.
Los jóvenes consumen más cócteles, bebidas listas para tomar (RTD) y opciones sin alcohol, mientras que el whisky y otras bebidas espirituosas tradicionales pierden protagonismo. Además, buscan consumir menos cantidad y de una manera más consciente.
Según IWSR, la participación de Gen Z dentro de la población que consume alcohol incluso aumentó en los últimos años. Sin embargo, la cantidad de bebidas consumidas por ocasión cayó, una señal de que el problema no es necesariamente que los jóvenes no beban, sino que ya no consumen como lo hacían las generaciones anteriores.
Para las grandes compañías de whisky, este cambio representa un desafío enorme. Las inversiones realizadas durante el boom estaban pensadas para un consumidor que compraba más y con mayor frecuencia. Ahora, tienen que adaptarse a uno que busca experiencias diferentes, consume menos y tiene muchas más alternativas.
¿Estamos ante un nuevo “whisky loch”?

El exceso de whisky que enfrenta actualmente la industria recuerda inevitablemente al “whisky loch” de los años 80, una de las mayores crisis de sobreproducción que sufrió el sector. Durante los años anteriores, las destilerías escocesas habían aumentado su producción esperando que el crecimiento de la demanda continuara, pero el mercado terminó desplomándose y dejó enormes cantidades de whisky almacenadas.
La crisis provocó el cierre o la paralización de numerosas destilerías, entre ellas algunas que décadas después se convertirían en verdaderos objetos de culto, como Port Ellen y Brora.
El escenario actual tiene algunas similitudes, pero también diferencias importantes. Hoy el problema es global y no está concentrado únicamente en Escocia, mientras que las grandes compañías cuentan con mercados mucho más diversificados. Además, muchas ya comenzaron a reducir la producción para intentar controlar los inventarios.
Por ahora, hablar de un nuevo “whisky loch” puede parecer exagerado. Pero la pregunta es inevitable: ¿qué ocurrirá si la demanda continúa por debajo de las expectativas mientras millones de litros de whisky siguen madurando en las barricas?
El whisky está hecho. Ahora falta quién lo tome
El whisky no dejó de producirse. El problema es que el mundo dejó de beberlo al ritmo que la industria esperaba.
Millones de litros siguen madurando en barricas como consecuencia de decisiones tomadas durante los años del boom, mientras las grandes compañías reducen la producción, ajustan sus inventarios y buscan nuevos mercados para colocar un producto que necesita años para estar listo.
La historia ya mostró lo que puede ocurrir cuando la industria produce demasiado y la demanda se desploma. El “whisky loch” de los años 80 terminó con destilerías cerradas y una generación de whisky que tardó décadas en recuperar su valor.
Esta vez el escenario es diferente, pero la advertencia es la misma. El whisky que sobra hoy no puede desaparecer mañana.
La industria tendrá que esperar, adaptarse y encontrar una nueva generación de consumidores. Porque después de años preguntándose cuánto whisky podía producir, ahora enfrenta una pregunta mucho más difícil: ¿Quién va a beber todo el whisky que ya produjo?