Todo lo que necesitás para empezar a disfrutar el whisky con criterio — sin solemnidad y en español.
El whisky es, en esencia, cerveza destilada y envejecida en madera. Se hace con granos (cebada, maíz, centeno o trigo), agua y levadura, y su carácter nace tanto del grano y el clima como de la barrica donde madura durante años.
La primera gran división es entre single malt (una sola destilería, 100% cebada malteada) y blended (mezcla de varias destilerías y granos). Ninguno es “mejor”: el single malt expresa un origen, el blend busca equilibrio y consistencia.
Para leer una etiqueta, fijate en cuatro datos: el país/región (te anticipa el estilo), la edad (años en barrica; a más años, más influencia de la madera), el ABV (graduación) y el tipo de barrica (bourbon aporta vainilla y coco; jerez, frutos secos y pasas).
Son cinco pasos que no cambiaron en siglos:
1. Malteado. El grano se remoja para que germine y luego se seca (a veces con humo de turba, que aporta el ahumado). 2. Molienda y macerado. Se muele y se mezcla con agua caliente para extraer los azúcares. 3. Fermentación. La levadura convierte el azúcar en alcohol: nace el wash, parecido a una cerveza. 4. Destilación. En alambiques de cobre se concentra el alcohol y se separan los aromas. 5. Maduración. El destilado descansa años en barricas de roble, donde gana color, aroma y hasta el 60% de su sabor final.